
El cielo despejado y el sol de La Paternal presuponían una tarde de buen fútbol entre el último campeón -Argentinos- y River, el equipo que había ganado todos sus partidos. Sin embargo, el convite fue escaso y el empate en cero resume el cotejo. La deuda de River se paga con puntos, uno ó tres en la medida que sume; moneda ó billete da lo mismo. Y es Carrizo su testaferro, a quien le convirtieron en un solo encuentro. La defensa cuida bien el mango y acaso sea ese el sustento para soportar la cima en soledad (por la derrota de Vélez con Boca) y no caer en cesación de pago. Ortega apareció con intermitencias, Buonanotte ni a los premios y fue Matías Almeyda el intendente de un partido vacío y endeudado. De no haber sido refuerzo, el debut de Pavone sería olvido como la labor de Funes Mori. Argentinos jugó un primer tiempo aceptable -quizá obligado por la localía- y de a ratos manejó la pelota y el trámite. Su zaga y su golero (Navarro) son de fiar pero arriba está anémico. Romero no supo y Blandi no pudo -siquiera- con un cabezazo que pretendió besar la red. Ahora si lo de Almeyda fue municipal, lo de Mercier -el otro cinco, el otro pelado- fue de carácter provincial; por sacrificio, inteligencia y conducción. Y porque Borges es tan poeta como Larralde, el cantor orillero. Los 90 minutos consumieron su fuego fatuo y una sensación de conformismo pareció apoderarse del ambiente. El local aún no ganó y la visita resignó puntos por primera vez en un certamen chato y avaro. Antes de retirarse, los hinchas de Argentinos -entre cánticos- les solicitaban a los riverplatenses saludasen al campeón y se mofaban de su magro promedio. "Algo ha cambiado" vaticinó un extinto vecino de La Paternal y recordó el cronista, ya de vuelta en Liniers. La estación esperaba un lunes cualquiera y las vías más trenes que no llegan a ninguna parte.
Texto: Javier Jalle Imagen: Luis Dardenne |